Cuidarnos nosotros es cuidar al otro

30/03/2020

Dr. Raúl G. Gil Sánchez

Todos, de una u otra forma, estamos viviendo días difíciles, de tensiones, preocupación. Ansiamos escuchar que aparezca el mágico medicamento que detenga esta historia. Las razones son múltiples, van desde el dolor que provoca saber que hay personas muriendo por muchos sitios del mundo, sistemas sanitarios colapsados y políticos reacios a adoptar medidas para frenar la epidemia, hasta los que nos tocan más de cerca cuando pensamos que nuestros padres son ancianos, que nuestros hijos o parientes andan en sitios de compleja situación y que muchos de nuestros amigos también están lejos de nosotros o que podemos estar padeciendo una de las enfermedades que son agravantes. Sin embargo, en esta particular pandemia, más allá de que aparezca una vacuna y que existan más o menos recursos, la pelea puede ser ganada por la actitud de cada uno de nosotros, de nuestra capacidad para entender el tema que les propongo abordar y que no sólo nos ayudará ahora. Lo que a continuación trataremos debe ser parte de un buen vivir, de nuestras rutinas y si hoy la mayoría lo tuviésemos incorporado todo quizás podría ser un poco más sencillo.

Tenemos en nuestras manos el arma más potente para enfrentar este problema de salud y poder salir lo mejor posible: Nuestra capacidad de percibir el riesgo y actuar en consecuencia.
A muchos nos puede avergonzar sentir temor, cuando esto nos suceda, recordemos que el miedo forma parte de ese paquete de emociones que nos acompañan desde nuestro nacimiento y que se constituye como un mecanismo de protección que nos hace tomar providencias, medidas, modificar decisiones o decidirnos por otro camino. El miedo aparece justo en el momento en que nos sentimos amenazados. No me refiero a un miedo enfermizo que nos vuelve impotentes o que distorsiona la realidad y magnifica situaciones, o el miedo que no controlado es capaz de afectar nuestras resistencias inmunológicas.
Me refiero al miedo que nos hace percibir el riesgo y enfrentarlo desde la toma de conciencia, y de una lógica, análisis y reflexión; no desde los afectos. Este miedo permite que no nos desbordemos, y se salga de nuestro control para transformarse en una conducta de pánico que de forma contraria nos paralizaría, que nos dificulta tomar las decisiones más acertadas.
La palabra autocuidado etimológicamente se encuentra formada por dos palabras: auto del griego auto que significa “propio” o “por uno mismo”, y cuidado del latín cogitatus que significa pensamiento.
El término de autocuidado se lo debemos a Dorothea E. Orem (1914-2007), enfermera estadounidense que conceptualizó la “Teórica General de Enfermería”, la cual a su vez se constituye en tres subcategorías:

 

  1. Autocuidado

  2. Teoría del déficit de autocuidado

  3. Teoría de los sistemas de enfermería

El autocuidado no es más que la práctica que las personas realizan con el fin de seguir viviendo, mantener la salud, prolongar el desarrollo personal y conservar su bienestar.
Es una actividad aprendida por los individuos, orientada hacia un objetivo, es una conducta que existe en situaciones concretas de la vida dirigida por las personas sobre si mismas hacia los demás o hacia el entorno, para regular los factores que afectan su propio desarrollo y en funcionamiento y beneficio de su vida, salud o bienestar.
El autocuidado significa tomar conciencia y participar de forma activa en el cuidado y protección de la salud, del bienestar, de la mejora y de aumentar la calidad de vida.
Podemos ver el autocuidado enfocado a:

  • Apoyo de los procesos vitales y del funcionamiento normal.

  • Mantenimiento del crecimiento, maduración y desarrollo normal.

  • Prevención de la incapacidad o su compensación.

  • Promoción del bienestar.

El objetivo fundamental de autocuidarse es fomentar y adquirir estrategias de autocuidado para la promoción de la salud y la prevención del desgaste tanto a nivel individual como del equipo de trabajo o relación, entendido este como red inmediata de soporte social y laboral, lo que se extiende además al contexto general de interacción del individuo.
Debe estar encaminado a cuidar nuestras necesidades físicas, emocionales, mentales, financieras, ambientales y espirituales.
Cuidarnos a nosotros mismos es preguntarnos ¿qué es lo que realmente estoy necesitando? y tener la suficiente responsabilidad y sinceridad para respondernos con veracidad.
Por tanto, es tomar medidas concretas que no queden atrapadas en planes y proyectos, sino que se materialicen en una práctica consecuente. Es sin duda asumir una actitud coherente con nuestros propósitos.
Es definir, por dónde van nuestras diferentes necesidades. Son las acciones que tomamos para proteger nuestra salud, entendida desde la concepción del ser como unidad bio-psico-socio-espiritual.
Exige una actitud de compromiso, responsabilidad, tiempo, disciplina y disposición. Significa automotivarnos para alcanzar un propósito (en este particular, el propósito es no enfermarnos o enfermar a otros al convertirnos en trasmisores) no dejando al otro el cuidado nuestro, ese otro puede contribuir, apoyar, pero no es el que determina.
Es asumir una rutina diaria encaminada a abrir espacio para el autocuidado en nuestra apretada agenda llena de responsabilidades, tareas, compromisos y exigencias laborales a la que se suman funciones como padre o madre de familia. La falta de tiempo y espacio serán excusas siempre presentes hasta que se concientice que, si no estoy bien yo, nada puede salir bien.
Para lograr esto hace falta en primer lugar conciencia crítica, en segundo término, estar claro de cuánto valemos, tener la suficiente confianza en nuestras posibilidades, por ello, asumir un comportamiento asertivo, tener disciplina y disposición será clave para poder implementarlo.
No se trata de preocuparme solo hoy bajo una situación muy puntual que pasará, es que esto que estamos viviendo nos enseñe que tenemos que poner más la mirada en nosotros mismos y que eso nos hará ser mejores, más eficaces, eficientes y productivos en otras esferas de la vida.
En la medida que estemos mejor, que nos sintamos emocionalmente más equilibrados, coherentes en nuestro modo de pensar, sentir y hacer, estaremos en condiciones de favorecer, ayudar y amar a otros de forma más auténtica, sin cobrar facturas.
Vale aclarar que el autocuidado es relativo a sí mismo como cada ser humano es único, el autocuidado es diferente para cada uno de nosotros. Cada uno debe encontrar la mejor forma de cuidarse a partir de buscar información o experiencias excepto en situaciones en que las condiciones externas exijan de todos unos cuidados particulares sobre nosotros mismos que representen también la forma de cuidar de los otros (ahora estamos en ese caso particular donde no podemos dejar a la espontaneidad los cuidados básicos).
Según la OMS se puede definir el autocuidado como la actitud y aptitud para realizar de forma voluntaria y sistemática actividades dirigidas a conservar la salud y prevenir enfermedades; y cuando se padece alguna de ellas, adoptar el estilo de vida más adecuado para frenar la evolución.
Concepto este muy bien intencionado por no solo centrar la atención en el supuesto sujeto sano sino en el que por diferentes razones padece una enfermedad y debe preocuparse por cómo hacer para que esta no se acentúe. En la filosofía, el autocuidado se define como el cuidado y cultivo de uno mismo en su sentido integral centrándose fundamentalmente en el alma y el conocimiento del yo.
La autogestión y la educación para el autocontrol es fundamental. El cuidado personal se aprende, tiene un propósito y es continuo. Es importante destacar que en la medicina moderna el concepto de autocuidado está más cerca de la medicina preventiva y uno de los problemas fundamentales que enfrentamos es la adherencia al consejo médico. Los comportamientos de autocuidado incluyen la prevención de enfermedades, conductas de enfermedad e higiene adecuada.
La realidad es que no importa quién eres, qué haces, qué edad tienes, a qué grupo o clase social perteneces, la verdad es que solo uno tiene que ser capaz y responsable de asumir su cuidado.
Hoy, en un mundo de prisa en que parecía que nada puede parar, que nada puede quedar para mañana, que lo más importante es ser altamente competente, productivo, eficaz y exitoso, donde nunca nos queda tiempo para mirar hacia nuestro cuerpo, para dar descanso a nuestra mente y para poner en orden nuestras emociones, olvidamos detalles tan importantes como autocuidarnos. Más allá de que esta máquina casi perfecta nos emita siempre señales antes de claudicar, como para que lo tomemos en cuenta, nosotros nos mostramos sordos a sus mensajes y más tarde aparecen las consecuencias.
El fin necesariamente es uno: el caos, ahí entonces es el momento de la reflexión, el análisis y la toma de conciencia, cuando muchas veces el mal puede ser irreparable o dejarnos limitados ¿tenemos necesariamente que esperar a ello? o ¿será mejor tomar medidas antes de que algo irreparable suceda?
Atendamos a las señales que nuestros cuerpos emiten: así aparezcan desde lo físico, la fatiga y el cansancio, cifras tensionales que se disparan o cefaleas de tipo “migrañosa” que más bien son en realidad cefaleas tensionales, o que nuestra mente retenga o memorice con más dificultad, que en más de una ocasión nuestros niveles de atención sean dispersos o que nuestras emociones se desborden y las relaciones sociales se hagan hostiles y lastimosas o que simplemente no le veamos el menor sentido a sentarnos en un parque, o contemplar los viejos lugares que siempre nos hacían recordar buenos momentos. Hagamos cosas por mantener nuestro equilibrio, nuestra propia sostenibilidad.
Cuando dejamos un tiempo para nosotros a pesar de esa agenda en la que nunca nos incluimos, las cosas comienzan a cambiar, nos sentimos menos tensos, mejoran nuestras relaciones con los otros, el sueño es reparador, disfrutamos más de los momentos familiares o del encuentro con un amigo e incluso notamos que nuestra productividad en el trabajo es mayor, la creatividad se dispara y las competencias afloran sin mucha fuerza. ¡Prueba y verás! Estas no son letras para cubrir cuartillas, son palabras que pueden cambiar tu vida, nuestra vida.
Mis propuestas básicas para cualquier tiempo:

  1. Hazte de una rutina, no de un dogma

  2. Inclúyete en tu agenda

  3. Practica ejercicios, hay mil maneras de hacerlo.

  4. Preocúpate por una dieta lo más sana posible. Revisa cuáles son los alimentos con alto valor nutricional y entonces descubrirás un espectro mucho más amplio

  5. Planifica tus ratos de ocio

  6. Dedica tiempo a la familia y a los amigos

  7. Reserva un espacio para el silencio, momento de reflexión, de meditar

  8. Agrega una visita al doctor con propósitos preventivos

  9. Asume el control de tu medicación si padeces una enfermedad crónica

De esta forma estamos participando activamente en nuestro cuidado, no esperes más, ¡ahora es el momento de comenzar!
Hagamos esto según las posibilidades reales de cada uno y del momento en concreto:

  • Reordena tus rutinas, adáptalas a cada momento.

  • Si no puedo ir a un gimnasio entonces me construyo uno en mi propia casa, seamos creativos, pero no dejemos de hacer ejercicios.

  • Busquemos información sobre alimentos sanos o combinaciones más efectivas, no siempre son los más costosos.

  • Disfrutemos del sol, del aire, es gratis.

  • Saquemos tiempo para charlas no formales hoy a través del teléfono, y por las diferentes redes sociales.

  • Todo depende de nosotros mismos, del modo en que seamos capaces de leer la realidad.

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