Quedarse en casa, en tiempos de COVID-19

27/03/2020

MSc. William Bello Sánchez

El COVID-19 se extiende rápidamente, aumenta el número de casos y se mantiene subiendo su porciento de letalidad. En medio de esta situación algunas personas y gobiernos han comenzado a manejar la tesis de que quedarse en casa tiene repercusiones superiores para la economía que el propio virus e, incluso, que quedarse en casa es más nocivo para la salud humana. Ante la influencia que los criterios anteriores puede tener en la percepción de riesgo de las personas sobre el nuevo coronavirus, invité al Dr. Raúl G. Gil Sánchez, Psiquiatra, Máster en Psiquiatría Social y Especialista en metodología de intervención comunitaria, para que nos compartiera su visión sobre la importancia de permanecer el mayor tiempo posible en casa en estos momentos y cómo ello puede influir en la salud humana.

1-¿Cuál su opinión respecto a quedarnos en casa en esta etapa del contagio en Cuba?

Considero que la única forma de poder cortar la cadena de trasmisión es precisamente disminuyendo el número de contagio y esto es solo posible si la mayor parte de la población permanece en casa y en especial los grupos más vulnerables: hablo de niños, personas con enfermedades crónicas o trastornos del sistema inmune y los ancianos. 

Todos sabemos que por las características del virus tiene una alta capacidad de propagación y letalidad. El quedarnos en casa disminuye al máximo la exposición y, por tanto, la propagación puede ser detenida y o controlada, siempre que a eso le sumemos que los que por razones estrictamente necesaria tengan que estar fuera, cumplan los protocolos de desinfección indicados.

Es necesario que toda la población tenga la suficiente información para que tome verdadera conciencia y, sin asumir una actitud de pánico, gane claridad del riesgo que entraña para la vida contraer esta enfermedad.

Extremar todas las precauciones como cumplir los protocolos de higienización, reducir al mínimo posible los contactos sociales y las aglomeraciones, es vital; es un momento de mostrar nuestros afectos de manera diferente, sobre todo cuidando al otro.

Considero que las autoridades administrativas, políticas, del sistema sanitario y de la defensa civil han tomado las providencias necesarias para minimizar el impacto de esta enfermedad en nuestra población, pero insisto en que depende de nosotros, de nuestra responsabilidad ciudadana, de nuestra disciplina, de nuestra capacidad de entender y aplicar las medidas tomadas.

2-¿Cuál sería la relación daño-beneficio? 

Lo más preciado William es la vida humana, el resto lo podemos reconstruir. Sabemos que el impacto económico será global, pero el hombre con su creatividad, ingenio, inteligencia y capacidad de resiliencia puede superarlo.

Son tiempos para la solidaridad, las alianzas y las ayudas humanitarias.

Un grupo de países aún vacilan en tomar medidas de cierre de instituciones, centros productivos que agrupan a un gran número de personas, y lo hacen pensando en los costos económicos. ¿Puede valer algo más que el ser humano, ese propio individuo que es el que produce, innova y presta servicios?

¿Qué costará más -incluso desde el punto de vista económico- evitar que nuestras poblaciones enfermen, con las implicaciones económicas que su atención médica necesita, o hacer una parada momentánea y después regresar a la vida normal? Si no se toman medidas drásticas, esta situación puede prolongarse tanto tiempo como dure nuestra incapacidad para detener el virus.

3- ¿Que nos sugiere hacer en función de ello?

Primero tener muy claro que la salud no es responsabilidad exclusiva del sector sanitario, sino de toda la sociedad. La salud es un producto social al que tributan de una u otra forma todas las instituciones, organizaciones gubernamentales o no, y las comunidades. Hay responsabilidad colectiva pero también individual, por tal motivo es un momento de juntar esfuerzos, hacer alianzas, superar diferencias y trabajar de conjunto.

En el orden individual cada uno hacerse responsable de su autocuidado. La salud es nuestra responsabilidad, no la deleguemos en otro. Cuidarnos nosotros, cumplir todas las medidas higiénico- sanitarias recomendadas, es cuidar a nuestra familia, compañeros y vecinos.

También ayudar con responsabilidad y en lo posible a los más necesitados y vulnerables; son tiempos para el servicio y hay muchas formas de instrumentarlo.   

Trazar estrategias para enfrentar este momento de crisis de forma positiva, con criterio de realidad, pero con una idea clara de poder resolverlo. Pensar que la crisis puede y es siempre una oportunidad para crecer. Pensemos todo lo que estamos haciendo, lo que podemos hacer y lo que haremos para dar solución a todos los inconvenientes que se nos presenten.

Con inteligencia, prudencia y previsión de riesgo podemos encontrar el camino. Hacer hoy de nuestra casa un espacio de trabajo, de encuentro cercano con la familia que convive con nosotros, repartir tareas, buscar fuentes creativas de esparcimiento y relajación, convertirlo en nuestro gimnasio… Se impone ser creativo.

Tener presente que la conducta de pánico solo nos paraliza y hace menos efectivo. No tener vergüenza de tener temor, legalizarlo, compartir nuestras preocupaciones, esto evita depresiones o estados de ansiedad.

Acudir al médico frente a cualquier malestar respiratorio, más vale ahora pecar por exceso que no por defecto. Los convoco a estar en casa y si necesita apoyo psicológico, buscar alternativas para conseguirlo. Yo quedo a disposición de ustedes.

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